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Revista-Chilena-de-Infectologia-3-2017

Caso Clínico 278 www.sochinf.cl lombriz de tierra. La paciente, muy molesta, reclamó que nadie encontraba una solución a su mal en Chile, por lo que consultaría en otro país. Se le recomendó la evaluación por psiquiatría, sin embargo, se negó a considerar esta alternativa. Discusión La parasitosis ilusoria o delusión parasitaria forma parte de un cuadro conocido hoy como infestación delusoria, redefinida en el año 2009 por Freudenmann y Lipping1. Esta última definición incluye la percepción de objetos animados (bacterias, virus, hongos, parásitos) y también objetos inanimados (fibras, filamentos, pelos, partículas). Se ha descrito como un trastorno de la esfera psiquiátrica, en relación a cuadros de psicosis monosintomática asociada a esquizofrenia, trastornos obsesivos compulsivos, trastornos bipolares y depresión, entre otros1,2,7. A pesar de ser más frecuente en pacientes psiquiátricos, también se ha visto en trastornos orgánicos como la enfermedad renal crónica avanzada, cirrosis hepática avanzada, diabetes mellitus, hipotiroidismo, hipovitaminosis B12, enfermedades neurológicas con compromiso tipo demencia o cuadros que causan alucinaciones, en algunas toxicomanías principalmente por cocaína, anfetaminas, marihuana y alcohol, entre otras2,8,9. Se ha descrito con mayor frecuencia en pacientes de sexo femenino en una relación 2,5:1, y la edad de mayor prevalencia oscila entre los 40 y 60 años6,10. Desde el punto de vista cultural y social, la parasitosis ilusoria se describe en todos los estratos y en toda clase de oficios y profesiones. Son pacientes que tradicionalmente acuden a consultar a diferentes médicos y especialistas, al igual que suelen relatar diferentes tipos de historias clínicas a los médicos evaluadores1,11. En un estudio de Hylwa y cols., de la clínica Mayo12, 43% de los casos de parasitosis facticia consultaron al dermatólogo, 19% al servicio de urgencias, 17% al médico internista, 4% al médico de familia y 13% a otras especialidades, pero ninguno de ellos consultó en primera instancia al psiquiatra. Además, un alto porcentaje no aceptó ir a la consulta psiquiátrica cuando ésta fue sugerida13. Los principales motivos de consulta en la parasitosis ilusoria son la visualización de “bichos, gusanos o insectos” que se mueven en o bajo la piel. Según los pacientes, algunos de estos “bichos” son imposibles de capturar pues son demasiado pequeños y de gran movilidad. Los síntomas más frecuentes son prurito, eritema, escoriaciones, principalmente en manos, brazos, espalda, abdomen y genitales. Menos frecuentemente consultan por la presencia de “gusanos o bichos” en orificios como la boca, nariz, ano o la expulsión de vermes a través del tubo digestivo. Se ha descrito en la literatura científica el “signo del espécimen”3,14, presente en 25-75% de los pacientes, y que consiste en que los sujetos llevan una muestra del espécimen del cual creen estar infestados a la consulta médica, en algún medio de transporte (contenedores de vidrio, bolsas, tapas, cajas, papel higiénico, etc.). En ocasiones suelen llevar restos de pelo, costras, hilos, materia orgánica como fibras, vegetales o materia inorgánica como arena y tierra en pequeñas cajas de cartón, de ahí la denominación de “síndrome de la caja de fósforos”15. En la anamnesis, estos pacientes suelen referir que probablemente se contagiaron por contacto directo con otras personas, que ellos creen están infestados con parásitos obtenidos del contacto con plantas, mascotas, tierra o por el consumo de alimentos no adecuadamente desinfectados. Algunos pacientes, al no obtener una respuesta satisfactoria al trastorno que los aqueja, suelen automedicarse con fármacos para posibles parasitosis intestinales o se aplican cremas o ungüentos cuando creen padecer una dermoparasitosis y en algunos casos, usan productos tóxicos sobre la piel como agua de batería, pinturas y solventes orgánicos entre otros16. El trauma de la piel ocasionado por estos productos puede llegar en algunos casos a automutilaciones cuando los pacientes tratan de eliminar lo que ellos consideran es un parásito no reconocido por su médico17,18. El enfoque del estudio y terapia tras sospechar el síndrome debe ser cuidadoso14 y los objetivos son: mejorar la condición del paciente, esto es no intentar por todos los medios convencerlo de que tiene una falsa creencia; realizar una historia clínica (uso de fármacos, drogas, alcohol, comorbilidades, consultas médicas previas) y un examen físico exhaustivo. Escuchar las molestias, frustraciones y emociones del paciente en relación a su padecimiento en forma atenta y asertiva permitirán un mayor acercamiento. Se debe realizar una alianza con el paciente para diseñar un plan de estudio racional dirigido a descartar organicidad y las posibles propuestas de manejo si el estudio resulta ser negativo. Derivar al psiquiatra oportunamente19, como parte del enfoque multidisciplinario y del plan terapéutico propuesto. Finalmente, el psiquiatra será el encargado del manejo de especialidad y de la indicación de antipsicóticos20 o antidepresivos cuando estos correspondan. En conclusión, la parasitosis ilusoria requiere un alto índice de sospecha clínica cuando el paciente es policonsultante tras creer que se padece una parasitosis, contando un relato poco concordante y cuando ha sido ampliamente estudiado por profesionales médicos sin arrojar resultados positivos. Se debe ser cuidadoso en la forma de enfrentar a estos pacientes para lograr una derivación adecuada y asertiva al psiquiatra y evitar una mayor frustración y angustia en ellos. Rev Chilena Infectol 2017; 34 (3): 276-279


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